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Mi primer vuelo, capítulo 4

David Lovia Hetero: Infidelidad 25 min de lectura 1445 lecturas 24 de septiembre de 2026
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13 Su cruce de piernas era realmente espectacular. Me quedé unos segundos turbada por su imponente presencia, y a pesar de mi altura, medio desnuda y envuelta en una toalla, me sentí muy pequeña al lado de Beatriz. La falda se le había subido al sentarse y me mostraba orgullosa sus muslos duros y prietos. ¡De un primer vistazo no era una mujer de las que llamaba la atención, pero si te fijabas bien en ella, estaba jodidamente buena!

Yo me encontraba un poco nerviosa, pues no sabía qué es lo que quería Beatriz, y es que desde el primer día, en el que pillé a Ismael entrando en su habitación, ella había estado muy pendiente de mí, observándome a cada momento, como si quisiera decirme algo. Y ahora, allí la tenía sentada a mi lado. Carraspeó antes de empezar a hablar, pero se quedó en silencio, pensando bien lo que iba a decir.

—Pues tú dirás... -quise empezar, al ver que no terminaba de dar el paso.

—La primera noche que estuviste en este hotel, viste a Ismael entrar en mi habitación de madrugada...

—Bueno, no sé si era la tuya...

—Claro que era la mía, solo quería explicarte lo que...

—A mí no tienes que darme ninguna explicación, Beatriz, somos compañeras y ya está.

Nos llevamos muy bien y lo que haga cada una en su vida privada es muy personal, yo ahí no me voy a meter...

—Sé que estuviste con Ismael en la cafetería, me lo contó...

—Ah, ¿sí?, bueno, eeeeeh, nos quedamos a tomar algo, pero no pasó nada entre nosotros.

—Conmigo no hace falta que disimules, Andrea.

Has tenido una primera toma de contacto con Ismael, y te está tanteando, aunque no le haga falta...

—¿Que me está tanteando?, ¿a qué te refieres?

—Ya te he dicho que no tienes que disimular, ¿te crees que no me he dado cuenta de que no llevas ropa interior cuando te toca volar con Ismael?, te lo ordenó él, ¿verdad?

—Prefiero no hablar de eso, Beatriz -dije avergonzada-, lo que tú tengas con él es cosa vuestra, a mí no me metáis en vuestros líos... no quiero saber más de este tema, y ahora por favor, si me dejas, quiero ducharme -dije muy seria poniéndome de pie, pero Beatriz siguió sentada en la cama, sin moverse lo más mínimo.

—Me imagino que llevarás unas semanas confundida, a mí me paso igual al principio, no entendía por qué me comportaba así, me pensaba que era una idiota, casada, con dos hijos, estaba bien con mi marido, tenía una vida normal, tranquila, rutinaria..., no me faltaba de nada, hasta que se cruzó Ismael en mi camino...

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

—Siéntate, por favor, esto que tengo que contarte es muy importante...

—Está bien, pero...

—A ver, por dónde empiezo, ¡uf, son tantas cosas! -exclamó alisándose la falda y después se tocó el colgante dorado que llevaba en el cuello-.

Ya te habrás dado cuenta de cómo es Ismael, le gusta dominar, llevar el control, que se haga lo que él dice...

—Sí.

—Pues es así en todos los aspectos de su vida, ya me entiendes, conmigo apenas tardó unos minutos, como si me hipnotizara, estábamos hablando y de repente, ya estaba obedeciendo sus órdenes... es algo muy extraño, solo las que lo hemos vivido lo podemos entender, aunque no sepamos explicarlo.

Ismael tiene algo especial, es un seductor, un mujeriego empedernido, se comporta de manera ruda y a veces hasta soez, va tejiendo una tela de araña y te atrapa sin que te enteres y cuando ya no puedes salir, lo que más le gusta es someternos, se excita a través de la sumisión...

—¿Por qué me cuentas esto, Beatriz?

—Te crees que todavía puedes controlarlo -sonrió tímidamente como si se apiadara de mí-, ahora lo ves como un juego inocente, no le das mucha importancia, vale, sí, te parece muy morboso lo de quitarte la ropa interior porque él te lo ha dicho, y cuando aterriza el avión estás excitadísima, te pasas el día mirando el móvil a ver si te manda algún mensaje..., todo eso lo he vivido yo... y lo sigo viviendo -afirmó moviendo la cabeza.

—No sé qué decirte... -y me encogí de hombros-, la verdad es que me da bastante corte hablar esto contigo...

—No somos las únicas, Ismael tiene muchas como nosotras.

—¿Cómo nosotras?

—Sumisas.

Bueno, más bien, tenía, hasta que se mató su hija en un accidente de tráfico, algo se murió con él ese día, pensé que nunca más sería el mismo, estaba apagado, vacío..., y desde que se encontró contigo en el bar, aquella noche lo cambió todo, no sé qué pasaría entre vosotros, pero Ismael ha vuelto...

—No pasó nada -le mentí, aunque el color de mis mejillas al ruborizarme me delató.

—Se presentó en mi habitación, llevaba años desaparecido, apenas hablaba conmigo, salvo en el trabajo para cosas estrictamente profesionales y aquella noche vino fuera de sí, nervioso, alterado... ¡vivo de nuevo!, y creo que ha vuelto con más fuerza si cabe... ya te he dicho antes que tenía muchas sumisas, pero solo una es la “elegida”.

Y esa era yo. Bueno, soy yo...

—Vale, ¿y...?, ¿eso qué tiene que ver conmigo?

—Ismael tiene una nueva ilusión, ha visto que tienes alma de sumisa, puede verlo ahí -dijo apuntándome con el dedo entre los ojos-, lo huele a kilómetros de distancia, como un cazador con una presa, y una vez que empiece contigo no te va a dejar escapar, te llevará al límite, incluso más allá... además, es obvio que le resultas muy atractiva físicamente, eso desde luego que es un plus también...

Las palabras de Beatriz me pusieron muy nerviosa y aunque intenté aparentar estar tranquila, ella se dio cuenta del efecto que había causado en mí lo que me estaba contando. Era verdad todo lo que había dicho, no lo podía negar, pero no sabía a dónde quería llegar mi atractiva compañera. ¿Qué era exactamente lo que quería de mí? Enseguida me sacó de dudas.

—Todo esto te estará sonando extraño, como si fuera irreal, pero te aseguro que no lo es... déjame que te lo explique, ya te he dicho antes que Ismael tenía muchas sumisas, muchísimas, pero solo una es la “elegida”, la más especial, con ella tiene un trato distinto... e Ismael es muy estricto en ese sentido, jamás incumple las normas...

—¿Qué normas...?

—Son varias cosas, ya te enterarás, tú solo tienes que cumplirlas y él a cambio, no puede mantener relaciones sexuales con nosotras, pero con las otras sumisas sí... -me respondió-, al menos de manera plena, está prohibido cualquier intercambio de fluidos entre nosotros, ya entenderás lo que eso engloba: besos, sexo oral, penetración, por supuesto...

—¿Y todo eso dónde me deja a mí?, porque no sé lo que me quieres decir... ¡suéltalo!

—Espera, es muy importante que lo entiendas, cuando empecé con esto experimenté cosas increíbles, me pasaba el día pensando en él, no lo podía evitar, cada segundo solo tenía a Ismael en la cabeza, me provocaba una sensación interior muy intensa, jamás pensé que se pudiera sentir nada parecido, y eso por supuesto que afectó a mi relación de pareja, y después a mi vida personal, a mi familia, los amigos, mi ocio... mi cabeza, ¡pump!, se reseteó por completo..., era como un robot... no podía hacer nada, Ismael anuló mi voluntad por completo, ¡y a mí me encantaba sentirme así!..., con las otras sumisas era distinto, solo las quería para follar y ya está... pero a la “elegida” tenía que darle un tratamiento especial...

—Yo no me he acostado con él... ni lo voy a hacer... por lo que no me considero como una de sus sumisas...

—A mí no tienes que mentirme, si no te has acostado con él estarás deseando hacerlo, y solo yo podré ayudarte cuando...

—No te estoy mintiendo -la interrumpí.

—La primera “elegida” fue su segunda mujer, Ismael se quedó tan pillado que hasta se casó con ella; unos años más tarde se encaprichó de una de las camareras de la cafetería en la que él desayunaba todos los días, seguía casado, pero eso le dio igual, después vino Susana, era sobrecargo en nuestra compañía, aunque ya no trabaja con nosotros y bueno... yo soy la cuarta..., es la costumbre, la tradición, Ismael lo quiere así... y así empezó todo hace muchos años, su mujer quedó para hablar con la camarera y le advirtió de lo que le pasaría si aceptaba ser su “elegida”; ella no lo dudó ni un segundo, le tomó el relevo, hasta que Ismael encontró a otra...

—Susana...

—¡Exacto!, y años más tarde se repitió la historia, la camarera habló con Susana y por último Susana me advirtió a mí, de esto ya hace bastante tiempo... y ahora, mirando hacia atrás pienso, ¿ha merecido la pena?, reconozco que ha sido duro, ya lo creo que sí, noches en vela, nervios a flor de piel cada día, cada minuto, cada segundo..., y yo, pues bueno, podría decirse que he tenido “suerte” más o menos por lo del accidente de su hija, Ismael se olvidó de mí durante bastante tiempo y poco a poco me fui desenganchando de él, que el tiempo todo lo cura es una gran verdad..., hasta el otro día que se presentó en mi habitación.

Ya te he dicho que Ismael estaba muy apagado, pensé que se jubilaría y se olvidaría de todo esto, que ya pasaba de nosotras..., y entonces apareciste tú.

—Siento haberlo removido, me dio pena y me quedé a tomar una copa con él, yo no quería que eso te afectara y...

—Este colgante se lo regaló Ismael a su primera mujer... -me dijo cogiéndolo de su pecho y mirándolo detenidamente-.

Es de oro y lleva un pequeño diamante incrustado, la luna dentro del círculo simboliza la sumisión...

—Es muy bonito...

—Su mujer se lo cedió a la camarera... y cada “elegida” se lo ha ido pasando a las otras, sucesivamente.

Así hasta que llegó a mí... -afirmó apretándoselo con fuerza contra su pecho, envolviéndolo con el puño.

—¿Y ahora, qué pasa?, ¿necesitas mi ayuda?, ¿estás bien, Beatriz?, ¡estás temblando! -y puse una mano sobre su hombro para que se tranquilizara.

—¿Es que no lo entiendes todavía?

—¿Entender el qué...?

Beatriz agachó el cuello, se echó las manos a la nuca y se desabrochó el colgante. Lo escondió en su mano, se tocó el pecho desnudo, como si la faltara algo y después extendió el brazo.

—Tú eres la siguiente, Andrea.

La quinta y última elegida. Contigo se cierra el círculo -y abrió la mano, mostrándome el curioso símbolo brillando entre sus dedos. Mi pecho comenzó a latir con fuerza y negué con la cabeza.

—¿Yooooo?, no, no, no, ¡no lo quiero!... paso de eso...

—Ya se lo he dicho a Ismael, todavía no estás preparada, pero no ha querido escucharme, se ha encaprichado de ti...

—¿Ismael te ha pedido que vengas a hablar conmigo?

—Por supuesto.

Yo no estoy aquí por voluntad propia... ¡ahora la decisión es tuya!, yo ya te he dicho lo que te pasará si aceptas... tu vida cambiará por completo... y no volverás a ser la misma Andrea..., ¡abre la mano! -y me agarró de la muñeca para que lo hiciera, dejando el colgante en mi palma-. No es una decisión sencilla de tomar; tienes unas horas hasta mañana por la mañana.

Lo siento, Andrea. Si aceptas solo tienes que ponértelo al cuello e Ismael lo verá. A partir de ese momento serás la “elegida”... -dijo poniéndose en pie y abriendo los brazos.

—No pienso ponérmelo.

—¡Ojalá!, así seguiría siendo mío... pero las dos sabemos que eso no es verdad, ¡claro que lo harás!, ya no hay vuelta atrás, Andrea, Ismael te ha elegido y tú aceptarás... -afirmó y me acarició el pelo con ternura antes de darse media vuelta y salir de la habitación, dejándome allí sola con el colgante en la mano...

Parte 2

14 Lo dejé sobre la cama, como si me quemara la mano, ni tan siquiera me atrevía a mirarlo y mis pulsaciones iban a mil por hora, lo mismo que mi cabeza. No podía ser verdad lo que acababa de suceder y necesitaba darme una ducha, tratar de tranquilizarme y pensar, sobre todo pensar; asimilar toda la información que acababa de recibir. Yo no quería llevar ese colgante al cuello.

No quería ser la sumisa de Ismael. No quería ser la “elegida”. Y sin embargo, mi cuerpo estaba en un estado de ansiedad tal, que no podía parar de temblar. Era una mezcla de nervios, angustia, miedo, y de excitación. Sí, también estaba extrañamente excitada, una sensación tan potente e intensa, que nacía en mi estómago y me atravesaba todo el cuerpo en las dos direcciones. De arriba abajo y de abajo arriba.

Apoyé los antebrazos en la pared, dejando que el agua me golpeara la cabeza y entonces recordé lo que había pasado en ese mismo hotel, la noche en la que hablé por primera vez con Ismael. Me vino a la cabeza cuando subimos juntos en el ascensor y se situó detrás de mí, agarrándome de la cintura y rozándome sutilmente el trasero con su cuerpo. Ese mínimo contacto hizo que me pusiera muy cachonda y eché las caderas hacia atrás.

Necesitaba más, pero Ismael se retiró y después de salir del ascensor, me humilló colando su mano por debajo de mi falda sin pedirme permiso. Como si estuviera seguro de que podía hacerlo. Me sobó el culo con rudeza, apretando mis glúteos y luego me acaricio el coño, solo para comprobar lo mojada que me encontraba. Hasta se permitió el lujo de pellizcarme los pezones, ¡uf, qué daño!, ¡y qué placer!, ese dolor fue la hostia.

Nadie me había tratado así, Sebas alguna vez me había soltado un azote; no es algo que le guste mucho, ni yo tampoco se lo he pedido nunca, pero con Ismael fue diferente. No solo era el dolor, era el estar allí delante de él, dejándome retorcer el piercing de los pezones, sometida por completo a su lujuria, con la voluntad completamente anulada. Abrí las piernas y me acaricié con suavidad, gimiendo bajo el agua caliente de la ducha, y comencé a masturbarme pensando en Ismael.

Me sentía mal por Sebas, ya sé que solo era una fantasía, pero era como si le estuviera traicionando y además, mi cabeza me decía que aquello era algo más. Había llegado demasiado excitada al hotel después de estar todo el viaje sin ropa interior, y la visita de Beatriz ya me desarmó por completo. Ella me dijo que aquella decisión iba a cambiar mi vida y yo no quería que eso sucediera.

Tenía una relación perfecta con Sebas, un trabajo nuevo y me encontraba en mi mejor momento. ¿Estaba dispuesta a sacrificar todo eso por un estúpido juego? Mis dedos martilleaban mi clítoris y a punto de llegar al orgasmo me detuve. Dejé que se aclarara el jabón de mi pelo y me escurriera por todo el cuerpo y me quedé unos segundos jadeando, con las dos manos apoyadas en la pared y la boca abierta.

Solo podía pensar en Ismael y en cómo sería ser su sumisa, y es que sabía que no iba a tener más oportunidades como esa en la vida. Me apetecía experimentar, probar cosas nuevas, era algo muy emocionante, y Beatriz me había dicho que ser la “elegida”, no implicaba mantener relaciones sexuales con Ismael. Eso estaba prohibido. Entonces, ¿qué es lo peor que me podría pasar?, yo no conocía ese mundo y quizás Beatriz había exagerado un poco.

Como mucho me mandaría ir sin ropa interior, que hablara con alguna chica como Paula, que me maquillara de cierta manera, que me vistiera como a él le gustaba, no sé... ese tipo de cosas, pero realmente no tenía ni idea de lo que suponía ser la “elegida” de Ismael. Un poco más tranquila y calmada al salir de la ducha, cogí el colgante y lo dejé sobre la mesilla, todavía tenía toda la noche por delante para meditar qué hacer y me quedé tumbada en la cama.

Llamé a mi chico y me reconfortó su voz; me dijo que estaba en casa estudiando y nos tiramos hablando casi veinte minutos. Después de la ducha me encontraba muy relajada, estuve mirando un poco el móvil y unos minutos más tarde, sentí unos golpes en la puerta. Abrí los ojos y eran ya las 20:36. ¡Me había quedado dormida!, y salté de la cama a toda velocidad. Allí estaba Sandra, ya vestida y arreglada para bajar a cenar, con un pantalón azul marino de vestir bien ajustado y un chaleco a juego del mismo color, con una camiseta blanca debajo con escote palabra de honor.

—¿Pero todavía estás así?

—Joder, tía, me he quedado dormida, perdona... si me esperas no tardo nada... tengo la ropa preparada...

—¿Te espero fuera?, ¿paso?

—Pasa, pasa, si quieres...

Y al entrar, caí en la cuenta de que el colgante estaba encima de la mesilla. Con disimulo me acerqué y lo guardé dentro del cajón, antes de ponerme un vaquero y una camiseta blanca de tirantes sin sujetador, ante la atenta mirada de Sandra.

—¡Estás muy buena, cabrona!, me encanta tu estilo cuando te pones las camisetas así, sin nada debajo, ¡te queda genial!

—Tú también estás divina con ese conjuntito de pantalón y chaleco...

—¿Sabes? -dijo con voz melosa, pasando la mano por la sábana-.

Roberto se quedó bastante pillado contigo la noche que quedamos...

—¿Y eso?, ¿te lo comentó o qué...?

—No, pero lo conozco bien y luego me encantó que nos mandáramos esos mensajitos antes de dormir, me pusiste mucho mucho...

—Si no te conté nada...

—Ya, pero solo con eso que me dijiste que tu chico estuvo salvaje, mmmmm... os imaginé juntos...

—¿Y qué te imaginaste...? -le pregunté, retocándome el pelo frente al espejo-.

Ya casi estoy lista...

—Pues eso, que te follaba a lo bestia...

—Mmmmm, ¡qué mala!, ¿y tú qué vas a hacer esta noche con Fran?

—Le he escrito antes un mensaje, no me da la gana dejarle vía libre con la zorra de Leticia...

—¿Y te ha contestado?

—A este le parece todo bien, me ha dicho que sí, que luego tomamos algo, pero seguro que también ha quedado con ella, así que...

—Bueno, vamos a cenar, que tengo hambre, yo como algo y me subo a descansar, eh... -le aseguré a mi compi, poniéndome el bolso al hombro.

—¡Qué aburridita eres, Andrea!, ya te espabilaré yo -y me agarró de la cintura mientras salíamos de la habitación.

En el comedor del hotel estaban Ismael, Fran y Leticia en una mesa cuadrada para cuatro y no vimos a Beatriz. Nos extrañó bastante su ausencia, aunque yo me imaginé el motivo al que se debía. Leticia se dio cuenta de que estábamos allí de pie, pero no nos dijo nada, y durante unos segundos dudamos qué hacer, hasta que finalmente nos sentamos solas.

—¡Menuda idiota!, ¿has visto cómo nos ha mirado? -soltó Sandra.

—Sí...

—Se cree muy especial porque cena con los pilotos, y no es más que una pobre paleta, una snob de manual...

—¡Bah, pasa de ella!, vamos a cenar tranquilas y ya más adelante veremos cómo transcurre la noche...

Y a punto de terminar, vimos cómo se levantaban los tres y nos saludaron al pasar a nuestro lado, sobre todo Fran, que fue el único que se detuvo a nuestra altura.

—¿Qué tal, chicas?, os podíais haber sentado con nosotros -dijo para quedar bien.

—No, estamos aquí hablando de nuestras cosas, gracias de todas formas, aunque te he visto muy bien acompañado -le recriminó Sandra, que no pudo reprimir sacar su lado más celoso.

—Hubiéramos estado mejor acompañados con vosotras -y Fran nos mostró sus perfectos dientes blancos con una sonrisa irónica-.

Buenas noches, chicas...

—Buenas noches...

Unos minutos más tarde salimos del comedor y no nos encontramos a nadie en la cafetería del hotel, así que nos subimos a las habitaciones.

—Este cabrón ya se ha ido con Leticia, seguro que se la está follando..., ¡ey, tía!, ¿te vienes un rato conmigo?, es pronto y no me apetece estar sola -me pidió Sandra, que parecía afectada por el plantón del piloto.

—Sí, claro...

Entramos en su habitación y mi compi comenzó a quitarse el conjunto delante de mí sin ningún pudor, quedándose tan solo con un tanguita negro y la camiseta blanca con escote palabra de honor, que llevaba debajo del chaleco.

—Nos teníamos que haber tomado una copa en la cafetería -dijo agachándose en cuclillas y abriendo el minibar-.

Me apetece tomar algo, a ver qué hay aquí... Sentada en la cama, la visión de Sandra me pareció espectacular. Se notaba que Roberto era buen entrenador personal y aunque no estaba tan definida como Beatriz, también tenía unas buenas piernas y un culazo tremendo con las caderas algo más anchas. Con las piernas abiertas y en tensión, era muy erótico ver cómo se le clavaba la tira del tanguita entre los glúteos.

—¿Quieres algo, Andrea? -me preguntó girándose.

—No, paso...

Estaba claro que a Sandra le encantaba mostrarse. Como se suele decir, le gustaba gustar. Le daba igual si era a un chico o chica, ese cuerpo tenía que exhibirlo y tras unos segundos en esa postura tan indecorosa, se incorporó con una botellita de ginebra en la mano y una coca-cola.

—Esto es lo que hay...

—A mí no me apetece...

—Uf, y encima así, sin hielo ni nada, bueno, da igual -y comenzó a echarlo en un vaso que había junto al minibar.

Se acercó hasta la cama con la mezcla y se sentó a mi lado, ofreciéndome el vasito. Yo negué con la cabeza y ella le pegó otro trago, dejándolo por la mitad.

—Seguro que ahora se la estará follando...

—No pienses eso, ¡no te martirices más!, yo creo que deberías dejarlo -dije tratando de arrebatarle lo que tenía en la mano, aunque ella me lo impidió.

—Roberto me lo tiene prohibidísimo, no le gusta nada que beba alcohol, ¡bah, que se joda también!, joder, tía, pensarás que soy patética...

—¿Cómo voy a pensar eso?

—Es que tú... eres tan perfecta... -susurró estirando el brazo, acariciándome la mejilla.

—No te creas, eso es que no me conoces bien... -y sin querer miré hacia abajo, fijándome en su ombligo y en su minitanguita, que apenas le cubría nada.

—Tengo muy buen ojo para la gente... oye, ¿por qué me miras tanto?

—Te tengo delante, ¿dónde quieres que mire?, ja, ja, ja...

—Me gusta que me mires así, con ese erotismo, ¿alguna vez lo has hecho con otra mujer? -me preguntó bajando la mano y me pasó un dedo por el cuello.

—No...

—Yo tampoco, pero reconozco que me llama mucho la atención... ¿y no te gustaría probar?

—¿Me estás proponiendo algo? -quise seguirle un poco el juego.

—Puede...

—Ja, ja, ja... lo que pasa es que a mí no me gustan las mujeres...

—Si nunca lo has probado, no lo sabes -murmuró acercándose a mí.

—Para, tonta...

—¿Segura?

—Sí, segura...

—Bueno, al menos lo he intentado... solo dime una cosa, si alguna vez te apeteciera hacerlo con una mujer, ¿cómo te gustaría que fuera ella?

—Pues seguramente así, como tú...

—¡Tienes muy buen gusto! -exclamó mordiéndose los labios-.

Lo mismo te digo, desnuda tienes que tener un cuerpazo increíble... Y de repente llamaron a la puerta, interrumpiendo nuestro tonteo inocente.

—¿Te importa ir a ver quién es?, es por no salir así... -me pidió.

—Sí, claro, sin problema.

Al abrir me encontré a Fran apoyado en el marco, llevaba un vaquero, zapatos negros y una camisa blanca que le daba un toque muy elegante, con su perfecto pelo repeinado hacia atrás; el piloto se sorprendió al verme, y comprobó de nuevo el número de habitación.

—Uy, perdona, pensé que aquí estaba Sandra...

—Eh, sí, sí, es su habitación, solo estábamos hablando -quise excusarme para que no se pensara cosas raras.

—¿Le puedes decir que estoy aquí?

—Sandra, es Fran -le grité desde la puerta.

—Espera un momento -me pidió mi amiga buscando algo que ponerse en la parte de abajo.

—Dice que ahora sale...

—Ya, ya la he escuchado -dijo Fran, deleitándome con su sonrisa de seductor y justo en ese momento apareció Sandra por la puerta, con el pantalón azul marino de vestir.

—Hola, Fran, ¿qué haces aquí?, pensé que habías quedado con Leticia... -le recriminó mi amiga.

—Bueno, yo me voy, os dejo que habléis de vuestras cosas -y me escurrí entre la puerta y el piloto.

—Mañana hablamos, cariño -se despidió Sandra.

—Buenas noches, Andrea.

—Buenas noches a los dos... -dije metiéndome en mi habitación.

Unos segundos después sentí que se cerraba la puerta. Sandra le había dejado entrar y durante un par de minutos les escuché hablando al otro lado de la pared. Durante un ratito había logrado olvidarme de mi pequeño “problema”, pero al sentarme en la cama saqué el colgante del cajón de la mesilla y lo sostuve en la palma de la mano, justo antes de que me llegara con nitidez el primer gemido de Fran.

Me acerqué sigilosa a la pared y en el silencio de la noche escuché los ruiditos típicos de succión. No cabía duda de que Sandra le estaba haciendo una mamada al piloto y me separé negando con la cabeza, pues estaba claro que mi compi ya había vuelto a caer en sus redes. Solo esperaba que no estuvieran follando mucho tiempo, porque me apetecía echarme a dormir y descansar. Entonces mi móvil vibró sobre la mesilla y al acercarme comprobé que Ismael me acababa de mandar un mensaje.

Sube a mi habitación. 502. Solo decía eso, ni me lo pedía por favor, pero en cuanto lo leí, me miré al espejo y revisé que estuviera perfecta, colocándome el pelo y estirando la camiseta. Me di media vuelta a cada lado y sin dudarlo, hice lo que me acababa de ordenar. Me intrigaba saber qué es lo que quería de mí después de tantos días sin hacerme caso, aunque no era muy difícil deducir que su petición estaba relacionada con la visita de Beatriz antes de cenar.

Muy nerviosa llegué a su habitación y antes de llamar comprobé que estaba abierta. El interior apenas estaba iluminado con una luz tenue, con mucho miedo avancé un par de pasos y me metí en la boca del lobo... 15 Ismael estaba en el medio de la habitación, de pie y con las manos en los bolsillos. Como si me estuviera esperando.

—Cierra la puerta... ven aquí...

—¿Qué pasa, Ismael?

—Antes ha ido a verte Beatriz, ¿verdad?

—Sí...

—¿Y por qué no llevas ya puesto el colgante en el cuello?

—Porque no quiero...

—¿Y por qué no?, si es lo que deseas...

—No voy a hacerlo, Ismael, no sé cómo consigues convencer a las otras, pero ya te digo que yo no voy a...

—Esto es para ti -dijo enseñándome un papel que tenía en la mano.

—¿Para mí...?, ¿qué es eso?

—Un contrato.

Te he llamado para que lo firmes...

—No pienso firmar nada...

Se acercó a mí sonriendo y envolvió el papel formando un cilindro con el que se golpeó la palma de la mano.

—Ni tan siquiera lo has leído...

—No hace falta...

—Al menos, hazlo... y luego ya decides -me pidió pasando por delante de mí, acercándose a la mesa y desenrollando el papel.

Dio un poco más de luz y se quedó sujetando la hoja, para que estuviera perfectamente extendida sobre la mesa. En silencio caminé tres o cuatro pasos y me incliné sobre el papel, que Ismael seguía sujetando con sus grandes manos.

—Léelo...

Contrato de sumisión Yo................................ sumisa, manifiesto que deseo entregarme totalmente en las manos de Ismael Bueno Molina y cumpliré los deberes que me ordene, o si no aceptaré el castigo que me mande. Deberes de la sumisa: 1. Obedecerás todas sus ordenes sin ninguna resistencia. 2. Contestarás sus mensajes en menos de una hora. 3. Podrás utilizar tu cuerpo como te plazca, sola o con pareja, pero sin poder llegar al orgasmo, salvo que él te lo permita. 4.

Tu mayor satisfacción será satisfacerlo. 5. Aceptarás los castigos como medio para corregir tu comportamiento. 6. Llevarás tus piernas y tu sexo completamente depilado, a menos que él ordene lo contrario. 7. Usarás el collar que te ha dado con orgullo y en todo momento, porque es tu signo de pertenencia. 8. No te preguntes las razones de sus órdenes o castigos. Simplemente acéptalos y cúmplelos. 9. En público te comportarás con discreción, pero si él desea exhibirte deberás cumplir con lo que te pida. 10.

Deberás confesarle todo aquello que realices en contra de su voluntad, incluso los pensamientos negativos. Él decidirá los castigos y la disciplina que mereces y tomará las decisiones oportunas para tu reeducación. Solo así conseguirás ser una sumisa perfecta. Deberes del amo: Se compromete a cuidar de la seguridad y el bienestar de la sumisa. Se compromete a no realizar ninguna práctica de naturaleza sexual que implique un intercambio de fluido con la sumisa, aunque ella se lo pida, por lo que tiene terminantemente prohibido las siguientes prácticas: 1.

Besos en la boca. 2. Sexo oral. 3. Penetración. 4. Eyacular dentro de ella, sobre su sexo, o en la cara o boca. La palabra de seguridad será “COSMOPOLITAN”. El contrato tendrá una duración indefinida, hasta que el amo quiera o incumpla sus deberes. El incumplimiento de los deberes por parte de la sumisa, implicará un castigo. El incumplimiento de los deberes por parte del amo, implicará la rescisión inmediata del contrato.

Firma del amo Firma de la sumisa Continuará... NOTA: Si os está gustando la historia, podéis leer la novela al completo, MI PRMER VUELO, en este enlace de AQUI, en la página de Amazon. Espero que os guste.

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