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Mi vida, capítulo 1: Aprendiendo a disfrutar del sexo

Jose Dulce Gays 6 min de lectura 1697 lecturas 24 de septiembre de 2026
Lectura

De pequeño tuve una infancia feliz, y recuerdo muy bien mis primeras experiencias sexuales. Fue con un primo y un amigo suyo. Ellos eran un par de años mayores que yo y un día estábamos solos en casa y empezaron a hablar de hacerse pajas. Yo no sabía lo que era y me lo contaron. Incluso se la sacaron y empezaron a masturbarse y me dijeron que hiciera lo mismo.

Yo nunca me había masturbado pero obedecí. Siempre era muy obediente y ellos al ser mayores se aprovechaban de mí. Los tres nos pusimos a masturbarnos, pero yo no dejaba de mirar sus pollas porque eran más grandes que las mías. Me tenían hechizado. Eran más gruesas, más largas, con las venas marcadas y los glandes rosados y brillantes. La de Manu, el amigo de mi primo, era especialmente impresionante, gruesa y curvada hacia arriba, con un prepucio que se deslizaba mostrando la punta húmeda.

—¿Te gusta?

Tócala - dijo Manu, el amigo de mi primo, al ver que miraba tanto a su polla. Yo no sabía qué hacer pero obedecí, siempre he sido obediente. Extendí la mano temblorosa y la envolví alrededor de ese miembro caliente y palpitante. Era la primera vez que tocaba otra polla que no fuera la mía, y la sensación me dejó sin aliento. Sentía el calor intenso, la piel suave pero tensa por la erección, y cómo palpitaba con cada latido de su corazón.

Manu gemía suavemente mientras yo movía la mano arriba y abajo, imitando lo que había visto hacer a ellos. Mi primo se empezó a reír.

—Mira cómo le gusta - decía entre risas burlonas - El pequeño sí que disfruta con esto.

Los dos me dijeron que les masturbara. Y así lo hice hasta que se corrieron. Me acuerdo que me mancharon todo de leche, les salió muchísima. Primero fue mi primo, que se levantó de golpe y se acercó a mí, apuntando su polla convulsionando hacia mi cara. Sentí los chorros calientes impactando contra mi mejilla, mi barbilla, mi cuello. Era espeso, blanquecino, con un olor fuerte y característico que nunca antes había percibido tan de cerca.

Manu no tardó mucho. Él se acercó por detrás, me agarró por los hombros para inclinarme hacia adelante y descargó su semen sobre mi espalda, dejándome empapado. Era tanto lo que salía de ellos que mi camiseta quedó completamente empapada, pegada a mi piel, y sentía ese líquido caliente resbalando por mi espalda hasta llegar a mi cintura.

—Eres un buen chico - me dijo Manu mientras me palmeaba la cabeza - Desde hoy vas a ser nuestro pajillero oficial.

Después de ese día, mi primo siempre me llevaba a un baño o a una habitación los dos solos y me decía que le hiciera lo mismo, y yo le obedecía y le hacía una paja. Y me decía que yo me la hiciera también. Creo que por eso se me quedó que me excita tanto tocar una polla y siempre que la toco o la mamo me empalmo. Esas sesiones se volvieron rutinarias.

Cada vez que nos quedábamos solos en casa de mis tíos, mi primo me encontraba. A veces era en el baño del sótano, donde me hincaba frente a él mientras él se apoyaba en la pared con los ojos cerrados y los pantalones bajados hasta los tobillos. Otras veces era en su habitación, con la puerta cerrada con llave, donde me obligaba a desnudarme también para que él me tocara mientras yo le masturbaba.

Me enseñó a hacerlo de diferentes formas. A veces quería que lo hiciera despacio, casi delicadamente, acariciando su glande con el pulgar mientras mi otra mano masajeaba sus huevos. Otras veces quería que fuera rápido y brusco, con movimientos cortos y fuertes que hacían que sus bolas golpearan contra mi muñeca. Me enseñó a usar la saliva como lubricante, escupiendo en mi mano antes de envolver su miembro, haciendo que los sonidos de succión y fricción resonaran en la habitación silenciosa.

—Así, muy bien - gemía mientras yo trabajaba su polla - Eres una putita nacidal para esto.

Cuando se corría, a veces lo hacía sobre mi mano, empapándola completamente, y luego me obligaba a quedarme así, oliendo su semen, hasta que se secaba sobre mi piel. Otras veces se corría sobre mi estómago si estaba tumbado, o sobre mi muslo, dejándome marcado con su esencia. Con el tiempo, Manu también se unía a estas sesiones. Los dos me utilizaban como su juguete personal. Me ponían entre ellos, desnudo, y mientras uno me hacía una paja desde atrás, frotando su erección contra mi espalda, el otro me obligaba a masturbarlo desde delante.

Sentir dos pollas a la vez, una en cada mano, ambas duras y calientes, mientras la mía era acariciada por alguno de ellos, me volvía loco de excitación. Una vez, Manu fue más lejos. Estábamos los tres en el baño, y me obligó a arrodillarme. Mi primo se apoyó en el lavabo, y Manu se puso detrás de mí, agarrándome la cabeza y guiándola hacia la polla de mi primo.

—Ábrete - ordenó - Y chúpasela como una buena putita.

Obedecí. Por primera vez tuve una polla en la boca. Era enorme, llenaba mi toda mi boca con un sabor salado y muy agradable que no había esperado. Mi primo gimió fuerte mientras yo movía la lengua torpemente alrededor de su glande. Manu se reía detrás de mí, burlándose de cómo tragaba saliva y de cómo se me saltaban las lágrimas cuando intentaba meterla más profundo.

—Mira qué puta has creado- le decía Manu a mi primo - Tu primo es una verdadera mamadora.

Esa vez, cuando mi primo se corrió, fue directamente en mi boca. No me lo esperaba, y tosí, intentando escupir, pero Manu me tapó la boca con la mano.

—Trágatelo todo - ordenó - Es lo que se merece un putito como tú.

Y obedecí. Tragué aquel líquido caliente y espeso, con un sabor intenso que se me quedó en la boca durante horas. Desde ese día, supe que mi lugar estaba de rodillas, sirviendo a hombres de pollas grandes y duras, obedeciendo cada orden que me dieran. Esas experiencias de juventud marcaron para siempre mi sexualidad. Aprendí que mi obediencia era mi mayor virtud, que el placer de otros hombres era más importante que el mío propio, y que nada me excitaba más que sentirme usado, humillado y cubierto de su semen.

Lo que no sabía entonces era que esto era solo el principio de un camino que me llevaría mucho más allá de ser simplemente el juguete de mi primo y su amigo. Si os gusta seguiré contando la historia de mi aprendizaje. No duden en enviarme sus comentarios y puntuar este relato o simplemente un saludo. Un beso [email protected]

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