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Violación inversa, capítulo 3: Los Policias Violadores

cochi No Consentido 4 min de lectura 604 lecturas 24 de septiembre de 2026
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—Parece que te ha gustado zorra – rio – Vas abriendo los ojos a tu naturaleza.

Sin decir más se subió los pantalones y salió de la habitación. Seguí tirado en el suelo, no tenía fuerzas para levantarle y la cabeza aún me daba vueltas… mi autentica naturaleza… esas palabras revotaban en mi cabeza. Jamás había tenido un orgasmo ni mínimamente comparable a este. Nunca había sentido tanto placer. Pero era humillante haber sido usado así por ese hijo de puta. Era humillante. Era humillante. ¿Era humillante?

Escuché la puerta abrirse y levantando la mirada vi como entraba mi violador con otro policía alto, moreno, mayor, unos 50 años con barba canosa, pero con muy buen cuerpo.

—Joder Carlos ¿qué le has hecho a esta zorra?

La has destrozado.

—Que va tío.

Aún ni me la he follado. Le he dado una buena ración de porra y se ha corrido como una cerda. El poli mayor se acercó a mí y me quitó las esposas. Me incorpore aún de rodillas mirando a los dos hombres delante mía. ¿Qué me iban a hacer? ¿Qué quería que me hicieran? No sé porque, no pensé, no razoné, solo dejé que mi cuerpo se moviera por instinto y me dejé llevar.

Me moví hacia el poli mayor y me apoyé en sus muslos. El policía hizo el gesto de llevarse la mano a la porra para defenderse, pero se detuvo al ver mi expresión suplicante. Lentamente, como en trance, desabroche el botón de sus pantalones, los baje junto con sus slips negros y me lancé directo a comerle las pelotas.

—¡Joder Carlos que zorra! – exclamó sorprendido. – se ha lanzado a mi polla la muy puta.

—Ya te lo dije, que solo necesitaba darse cuenta – contestó Carlos con un ligero toque de orgullo en la voz.

Yo seguía comiéndole las pelotas que en este caso no estaban depiladas, sino que estaban llenas de pelos canosos y tenían un olor a sudor que me excitaba. Ahora que tenía las manos libres cogí su polla con una de ellas. Era más pequeña que la de Carlos, pero gruesa y de buen tamaño. Sin dudarlo me la metí en la boca y comencé a mamar con avidez.

—Pfff que hambre tiene el maricón.

Me agarró de la cabeza y empezó a follarme la boca. Me costó contener las arcadas, aunque me ayudo que su polla era un poco más pequeña. Al tener las manos libres aproveche para agarrarme a su culo. Era duro y notaba como lo apretaba cada vez que metía su capullo hasta el fondo de mi garganta. Carlos me cogió del pelo, separándome de la polla de su compañero que salió de mi boca contra mi voluntad.

—Puta… ¿quieres que te follemos? – preguntó acercando su cara a la mía.

—S… si – respondí.

—Dilo más fuerte zorra.

Di: No soy más que una perra asquerosa y quiero que me reventéis.

—No…no…no soy más que una perra asquerosa y quiero que me reventéis…

Entre risas me empujaron al suelo para ponerme a cuatro patas. Carlos se puso detrás mía, se sacó la polla sin bajarse los pantalones y me la metió de un solo golpe. Menos mal que aún tenía el ojete abierto de la porra. Empezó a follarme sin piedad cogiéndome de las caderas, usando mi agujero sin piedad, como aquella vez en el descampado. Yo empecé a gemir como una perra en celo con cada estocada, pero no pude hacerlo mucho tiempo porque el otro poli se puso de rodillas delante mía y me metió su rabo hasta el fondo de la garganta.

Esos dos cabrones me estaban usando como un muñeco… y a mí me estaba encantando. En unas pocas horas había abrazado mi naturaleza y me sentía más pleno de lo que me había sentido en muchos años. Pensé que en algún momento se cambiarían las posiciones, pero Carlos no tenía la intención de dejar de reventarme el culo. Siguió follándome sin piedad, aumentando la intensidad de sus gemidos cada vez más.

Saber que era mi culo el que le provocaba el placer que se manifestaba en esos quejidos me ponía tremendamente cachondo.

—Ahhhh siii zorraaaa de mierdaaaa ¿Quieres que te preñe putaaaaa?

—Siiiii por favor- respondí en el único momento en el que me pude sacar la polla del otro policía de la boca, ya que inmediatamente volvió a follarme la boca.

Unos gemidos guturales comenzaron a oírse, pero no provenían de Carlos sino del otro policía que empezó a correrse en mi boca llenándomela de lefa espesa y caliente que no dude un segundo en tragarme. Segundos después era Carlos quien entre gritos estaba preñándome, llenándome el culo de su leche. Sudorosos y cansados, nos quedamos inmóviles unos minutos. Yo me deje caer en el suelo, con el regusto de la lefa en la boca y notando la leche de Carlos salir de mi culo dilatado.

CONTINUARÁ

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