Entrar

Los compañeros de piso, capítulo 3

Relatante32 Bisexuales 9 min de lectura 1546 lecturas 24 de septiembre de 2026
Lectura

Laura cerró la puerta detrás de sí con un clic suave. Y sonrió.

—Vaya, vaya… —dijo con voz lenta, casi divertida—. Parece que la noche se ha puesto mucho más interesante de lo que pensaba.

Nadie contestó. Laura dejó el bolso en el suelo, se quitó la chaqueta con calma y la dejó caer sobre el respaldo del sillón. Miró a los tres uno por uno: Dani y Álex completamente desnudos en medio del salón, el semen secándoseles en la piel; Claudia en el umbral de su habitación, también desnuda, la cara y el pecho todavía brillantes.

—¿Alguien me va a explicar… o prefiero que os lo pregunte mientras me desnudo?

El silencio fue denso. Laura cruzó los brazos bajo el pecho, todavía vestida con la blusa negra y la falda ajustada. No parecía asustada. Solo curiosa. Y un poco divertida.

—Déjame adivinar —continuó, inclinando la cabeza—. Habéis bebido.

Habéis hablado de esa apuesta del tanga. Y de repente… dos tíos y una tía. Muy clásico. Yo entro y se convierte en dos para dos. ¿Verdad? Dani con Claudia, Álex conmigo. O al revés. Como queráis. Álex abrió la boca, pero no salió nada. Dani bajó la mirada un segundo hacia su propia polla, todavía semi-dura, y después miró a Claudia. Claudia no contestó de inmediato. Dio un paso fuera del umbral y se acercó despacio, el semen seco brillándole en la mejilla.

—Laura —dijo en voz baja—. No es exactamente eso.

Laura levantó una ceja.

—¿No?

—No.

Claudia se detuvo a un metro de ella. Miró primero a Dani, después a Álex. Los dos seguían callados, respirando agitado.

—Ellos dos… —continuó Claudia—. No son solo heteros que se han dejado llevar.

Llevan tocándose desde antes de que yo entrara. Besándose. Chupándose. Se han corrido juntos en mi cara. Y no ha sido solo por mí. Laura se quedó quieta. La sonrisa se le congeló un segundo. Después soltó una risa corta, incrédula.

—¿Estás de coña?

—No.

—Dani y Álex.

Los dos. Tocándose. Besándose. ¿En serio? Claudia asintió. Laura miró a los dos chicos. Dani tenía las mejillas rojas. Álex no apartaba la vista del suelo.

—No me lo creo —dijo Laura, sacudiendo la cabeza—. Os conozco.

Sois heteros. Siempre lo habéis sido. Esto… esto tiene que ser la borrachera o la apuesta o lo que sea. No me lo trago. Se pasó una mano por el pelo, todavía perfecto.

—Si es verdad… demostrádmelo.

Ahora. Aquí. Delante de mí. El silencio se alargó. Dani tragó saliva. Álex levantó la vista por fin y miró a su amigo. Claudia habló primero: —Hazlo. Álex dio un paso hacia Dani. No dijo nada. Solo le agarró la nuca con una mano y lo atrajo hacia sí. El beso fue torpe al principio, casi violento. Dientes, lenguas, respiraciones agitadas. Dani se resistió medio segundo y después correspondió con la misma fuerza.

Sus cuerpos se pegaron. Las dos pollas, todavía brillantes, se rozaron entre ellos. Laura no apartó la vista. Tenía la boca entreabierta. Cuando se separaron, un hilo de saliva los unía todavía. Dani respiraba agitado. Álex tenía los labios hinchados.

—¿Más? —preguntó Álex, mirando a Laura.

Ella no contestó. Solo asintió una vez, lenta. Álex bajó la mano y agarró la polla de Dani. Empezó a masturbarlo con movimientos firmes, sin mirar a otro sitio que no fuera la cara de Laura. Dani soltó un gemido bajo y, casi sin pensarlo, hizo lo mismo: agarró la polla de Álex y la bombeó al mismo ritmo. Los dos se tocaban delante de ella. Sin excusas. Sin “era solo una apuesta”.

Laura tragó saliva.

—Joder…

Se pasó la lengua por el labio inferior. Después, con movimientos más lentos, más reales, empezó a desabrocharse la blusa. Uno a uno. Los botones. No se la quitó de golpe. La dejó abierta, mostrando el sujetador negro de encaje. Se la sacó de los hombros con calma y la dejó caer sobre la chaqueta. Se quedó en sujetador y falda.

—Seguid —dijo, la voz un poco más ronca—. Quiero ver cómo se os pone de verdad.

Álex y Dani no se detuvieron. Se besaron otra vez, más lento esta vez, mientras se masturbaban mutuamente. El sonido de las manos subiendo y bajando era húmedo, claro. Laura se pasó las manos por la cintura y bajó la cremallera de la falda. La dejó caer al suelo y dio un paso fuera de ella. Ahora solo llevaba el sujetador, las bragas negras y los tacones. Se cruzó de brazos un segundo, como si todavía estuviera decidiendo.

Después se giró hacia Claudia.

—¿Y tú?

¿Tú también estabas en medio de todo esto? Claudia asintió.

—Yo los empujé.

Pero ellos ya querían. Laura se mordió el labio. Se llevó las manos a la espalda y se desabrochó el sujetador. Se lo quitó despacio, sin theatricalidad, y lo dejó caer. Sus pechos quedaron libres. Los pezones se le habían endurecido. Se pasó una mano por uno de ellos, casi distraída, mientras seguía mirando a los dos chicos.

—Vale… —susurró—. Me lo creo.

Ahora sí. Se bajó las bragas. Las dejó caer al suelo y las apartó con el pie. Se quedó completamente desnuda, de pie delante de ellos, el coño afeitado y ya ligeramente brillante. No hizo ningún gesto exagerado. Solo se quedó allí, respirando un poco más rápido.

—Entonces… —dijo, mirando a Claudia—. ¿Qué se supone que hago yo ahora?

Claudia se acercó. Se detuvo delante de ella y le pasó dos dedos por el vientre, bajando despacio hasta rozarle el coño.

—Lo que quieras.

Pero si te quedas… no esperes que ellos dejen de tocarse solo porque tú estés aquí. Laura miró las dos pollas que seguían duras entre las manos de Dani y Álex. Después miró a Claudia.

—No quiero que dejen de tocarse.

Quiero verlo. Y quiero que me toquen a mí también. Álex soltó la polla de Dani y se acercó a Laura. La agarró de la nuca y la besó. El beso fue profundo, sucio, lleno del mismo sabor que había tenido minutos antes con Dani. Al mismo tiempo, Dani se colocó detrás de ella y le pasó las manos por la cintura, subiendo hasta sus pechos. Los apretó, los acarició, mientras frotaba su polla contra el culo de Laura.

Claudia se arrodilló delante. Abrió las piernas de Laura con las manos y pasó la lengua por su coño. Lenta. Larga. Laura soltó un gemido dentro de la boca de Álex. Los cuatro estaban conectados otra vez. Laura gemía. Álex le mordía el labio. Dani le pellizcaba los pezones desde atrás. Claudia le chupaba el clítoris con precisión.

—Quiero veros follaros —jadeó Laura, separándose un segundo del beso—. De verdad.

No solo tocaros. Álex miró a Dani. Dani asintió. Se separaron de Laura solo el tiempo necesario. Álex se tumbó en el sofá. Dani se colocó encima de él, de rodillas, y se inclinó. Se besaron otra vez mientras Álex le agarraba la polla y la guiaba hacia su boca. Dani empujó. Álex la recibió. El sonido de la mamada llenó el salón. Laura se quedó mirando, de pie, con Claudia todavía arrodillada entre sus piernas.

—Joder… —susurró.

Claudia se levantó. Se colocó detrás de Laura y le pasó los brazos por la cintura. Una mano bajó hasta su coño y dos dedos se metieron dentro.

—Te gusta —murmuró contra su oreja—. Se te nota.

Laura no lo negó. Solo abrió más las piernas y empujó contra los dedos de Claudia. Álex seguía chupando a Dani. Dani tenía la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados, la mano en el pelo de Álex. Después se retiró, se colocó de espaldas a él y bajó. Álex escupió en su mano, se untó la polla y empujó. Dani soltó un gemido largo cuando Álex entró. Laura no apartó la vista.

Tenía los dedos de Claudia dentro y la respiración completamente rota.

—Ahora nosotras —dijo Claudia.

Se tumbó en el otro extremo del sofá y abrió las piernas.

—Siéntate en mi cara.

Quiero comerte mientras ellos se follan. Laura no dudó. Se colocó a horcajadas sobre la cara de Claudia y bajó. La lengua de Claudia se clavó en su coño de inmediato. Laura gritó. Dani, todavía con Álex dentro, se inclinó hacia adelante y le metió dos dedos a Laura mientras Claudia la lamía. Álex embestía desde atrás, el ritmo firme, profundo. Los cuatro gemían. El sofá crujía. Laura se corrió primero, temblando sobre la cara de Claudia.

Claudia la siguió segundos después, el cuerpo arqueado. Dani gruñó y se corrió dentro de Álex. Álex lo siguió casi de inmediato, agarrándole la cadera con fuerza. Cuando terminaron, los cuatro se quedaron jadeando. Laura se dejó caer de lado, todavía encima de Claudia. Dani se retiró despacio. Álex se quedó tumbado, la respiración agitada. Nadie habló durante un rato. Después Laura soltó una risa baja, exhausta.

—Vale… ahora sí me lo creo.

Claudia se giró hacia ella. Tenía el pelo pegado a la frente.

—¿Te arrepientes?

—Ni de coña.

Álex se incorporó un poco. Dani se sentó en el suelo. El tanga negro seguía olvidado en un rincón del sofá. Laura lo vio. Lo agarró entre dos dedos y lo levantó.

—Este… ¿de verdad se lo queda el que se atreva a entrar en la cama de Claudia esta noche?

Claudia sonrió.

—Eso dije.

Laura miró a Dani. Después a Álex. Después otra vez a Claudia.

—Entonces… ¿los cuatro?

Álex se levantó. Se acercó y le quitó el tanga de los dedos.

—Yo entro.

Dani se levantó también. Se lo quitó a Álex.

—Yo también.

Claudia se incorporó. Miró a Laura.

—¿Y tú?

Laura se levantó. Estaba completamente desnuda, el semen y los fluidos todavía brillándole en la piel. Se acercó a Claudia, la agarró de la nuca y la besó. Largo. Cuando se separó, sonrió.

—Yo también.

Los cuatro se quedaron mirándose un segundo. Después Claudia se dio la vuelta y caminó hacia su habitación. La puerta seguía entreabierta.

—Entonces venid —dijo sin mirarlos—. Los cuatro.

O ninguno. Esta vez no hubo duda. Álex fue el primero. Dani detrás. Laura cerró la marcha. La puerta de la habitación de Claudia se cerró detrás de ellos con un clic suave. Fuera, en el salón, el cargador del móvil de Laura seguía dentro del bolso, olvidado.

Descargar EPUB

¿Qué te ha parecido?

Todavía no lo ha votado nadie.

Comentarios

Puedes comentar sin cuenta. Se publica tras pasar por revisión.

Todavía no hay comentarios. Puedes ser el primero.