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La batalla final de las zapatillas rojas

Sigma Control Mental 23 min de lectura 547 lecturas 24 de septiembre de 2026
Lectura

Un consejo: para entender este final es muy importante leer Cazatesoros: Sydney y las zapatillas rojas, Expedientes X: el regreso de las zapatillas rojas, Alias: La invasión de las zapatillas rojas, Crónicas de las zapatillas rojas: la camarera, Ivanka Trump: El imperio de las zapatillas rojas, Crónicas de las zapatillas rojas: World Wide Web y Hechiceras: el reto de las zapatillas rojas, antes de leer esta historia. Una disculpa a los que les gustan mis relatos, los últimos cinco años han sido muy duros: años de pérdidas y dificultades.

De hecho aun no me recupero pero estoy tratando de regresar, empezando por el final de la serie de Las zapatillas rojas. Espero les guste y compense los años que no me fue posible continuar. Por Sigma Prólogo Desde los sospechosos sucesos alrededor de la desaparición de la arqueóloga Sídney Fox, la rara y sospechosa actitud de Scully y el intento de secuestro de Ivanka Trump y sus extraños cambios de comportamiento, Vincent, Mulder y Nigel habían estado investigando todo sobre Scorpius y su casa de modas de lujo: con sus contactos en MI6, con Mulder en el FBI, incluso un conocido le había contactado con un agente de la CIA de nombre código Cíclope que estaba muy interesado y le dio toda la información que pudo, no había obtenido mucho pero todos los informantes le confirmaban una cosa… no había pruebas de nada… pero había algo sospechoso en la multinacional.

Vincent decidió ir directo a las fuentes así que estuvo rondando el corporativo central de Scorpius en Washington.

—Un corporativo de modas en Washington… no parece gran pista pero ¿Por qué en esta ciudad?

Un diseñador de modas normalmente tendría su centro de operaciones en New York o Paris ¿Por qué aquí? Es sin duda sospechoso… —pensó Vincent mientras fingía leer un periódico en una banca frente al alargado edificio de acero y cristal, vestía una sencilla camiseta negra, unos zapatos deportivos del mismo color, unos jeans desgastados, una vieja gorra de béisbol azul y anteojos obscuros, normalmente eso sería algo llamativo en ese lugar lleno de trabajadores vestidos de manera formal pero a esa hora había demasiados turistas en la calle al estar cerca algunos museos importantes, con eso contaba Vincent para no llamar la atención.

Llevaba días acercándose desde diferentes ángulos al corporativo con sutiles preguntas a los empleados, haciendo ingeniería social, tratando de escuchar conversaciones de los trabajadores al salir a la calle, vigilando a todos y a ninguno a la vez, a veces los seguía a restaurantes y bares para interactuar con ellos. Había aprendido algunos detalles útiles que comentaría a sus compañeros pronto pero fuera de eso le parecían gente común y corriente.

—¿O no lo son tanto?

—Meditó un momento recordando los días pasados— Hay algo que no cuadra, lo siento en las entrañas ¿Pero qué es?

No logro identificarlo. El veterano exMI6 había aprendido a confiar en su instinto mucho tiempo atrás por lo que cerró los ojos, respiró profundamente y meditó un momento recapitulando la semana que llevaba vigilando Scorpius. Imágenes de la entrada y salida cada día de los trabajadores vinieron a su mente para analizarlas.

—Primero… muy pocos hombres… uno de cada diez empleados según mis cálculos —en eso ya se había fijado desde el primer día y lo atribuyó al giro de la empresa, pero al analizarlo con más cuidado se dio cuenta que únicamente eran seguridad privada, no había hombres en ninguna otra área, ni en contabilidad, ni en mantenimiento…

¡Ni siquiera en limpieza!— Incluso en seguridad hay tanto mujeres como hombres… mmm… Vincent siguió meditando algo desanimado.

—De acuerdo, son casi exclusivamente mujeres, bastante progresista pero no sospechoso… aunque…

—De nuevo empezó a recordar todo a detalle… y de pronto su mirada se encendió— un momento…

Empezó a analizar todo lo que recordaba desde el primer día de su vigilancia.

—Las mujeres… si… eran preciosas… — susurró, de inmediato giró levemente la cabeza a un lado y empezó a hablar al micrófono oculto bajo su camiseta— N ¿Me escuchas?

—Te escucho V ¿Viste algo?

¿Me escuchas? ¿Hola? Maldición está mierda de espionaje no es mi área —respondió Nigel al batallar con una consola desde una pequeña habitación cercana convertida en centro de vigilancia. Tenía alimentos y varios monitores para sus cámaras ocultas apuntando a las principales puertas del corporativo. Finalmente recordó como activar el botón para contestar de forma codificada— Te escucho V ¿Hay problemas?

—No… pero quiero información ¿Tienes los archivos a mano?

—Claro… —respondió mientras abría un archivo en el portátil en la mesa— ¿Qué necesitas?

—Háblame del perfil de las posibles víctimas que hizo Mulder.

Lo más general.

—Déjame ver… prácticamente hay de todo tipo de mujeres…

—Si, lo entiendo pero ¿En qué se parecen?

—Veamos, todas son mujeres de diez y ocho a cincuenta años, todas atractivas y esbeltas, casi todas sin familia o casi y pocas amistades.

—Vaya, vaya…

—¿Descubriste algo?

—Creo que si, estuve repasando en mi mente los días pasados buscando en el corporativo a alguien sospechoso y ahora me doy cuenta que todos lo son…

—¿Qué?

¿Cómo?

—No solamente casi todos los empleados son mujeres sino que todas, y quiero decir TODAS, las mujeres de la empresa son como las describes: todas bellas, más o menos esbeltas, entre diez y ocho y cincuenta años y te apuesto a que ninguna de ellas tiene familia, ni amigos.

—Suena interesante pero también en esta época las mujeres buscan ser más saludables y verse mejor.

—También lo pensé pero hay algo más… no son muchas, no son la mayoría, son todas… más aún, todas ellas usan ropa sexy: minifaldas, tacones altos, blusas escotadas o translúcidas, uuufff… nada excesivo, todo de buen gusto, pero en el límite de lo aceptable.

Incluso los técnicos y encargados de limpieza son mujeres y traen uniformes demasiado femeninos y poco prácticos. No puede ser coincidencia, en especial con la teoría de Mulder de que se trata de una enorme red internacional de tráfico sexual y espionaje.

—Pero eso es demasiado ¿No?

Uno de los complots del agente Mulder.

—También eso pensaba… pero después de ver a las mujeres que trabajan en Scorpius lo estoy empezando a creer… tengo compañía N, cambio y fuera.

Finalmente Vincent guardó silencio pues una linda mujer de cabello rubio corto y traje sastre azul con minifalda se acercaba directamente a él.

—Buenos días caballero —le dijo con una encantadora sonrisa mientras se inclinaba levemente hacia Vincent apuntándole con su generoso escote directamente— trabajo para Scorpius y he notado que lleva mucho tiempo sentado ahí sin apenas moverse ¿Espera quizás a que salga un empleado particular?

¿Puedo ayudarle?

—Oh… solamente estoy disfrutando este día tan soleado —respondió Vincent devolviendo la sonrisa y preguntándose cómo una mujer tan hermosa trabajaba en seguridad.

—Entiendo pero ha puesto nerviosos a mis superiores…

¿Le importaría que le hiciera algunas preguntas? Vincent lo pensó un instante… no debía trabar contacto si ya sospechaban de él, pero si se negaba o trataba de huir sería aún peor.

—Tendré que confiar en poder engañarlos —pensó al levantarse de la banca.

La miró un momento y luego respondió amablemente.

—No hay problema estoy a sus órdenes.

—Acompáñeme si es tan amable —le respondió con dulzura para luego dar la vuelta y caminar hacia el edificio con un invitante vaivén de caderas que a Vincent le pareció casi irresistible.

Caminó detrás de ella teniendo que hacer un esfuerzo para evitar mirar a la linda mujer que lo guiaba y concentrarse al frente. Finalmente llegaron a la parte posterior a una entrada de estacionamiento, con un gesto la mujer le pidió que pasara primero, lo que Vincent obedeció, para encontrarse con que la entrada estaba cerrada y ahora él estaba acorralado por tres lados y desde la única salida la mujer le apuntaba ahora con un arma de fuego, de calibre pequeño pero igualmente letal.

—Muy bien caballero… ahora empiezan las preguntas.

—¿Pero donde pudo esconder el arma con ese traje tan ajustado? —fue lo primero que Vincent pensó sin poder evitarlo.

—¿Está vigilándonos?

¿Desde cuándo?

—Disculpe pero no entiendo… —respondió tranquilo Vincent mientras levantaba las manos lentamente.

—Claro que entiende caballero… lo tenemos en cámara rondando las instalaciones desde hace días…

—¿En serio estaba rondando?

—Preguntó el hombre con fingida inocencia— Llame a la policía entonces, tal vez me multen por rondar…

—No se haga el gracioso…sabemos que no es de la CIA ni del FBI, no tienen nada sólido contra nosotros, tampoco es de alguna agencia internacional reconocida, le da curiosidad a mi superior, solo por eso sigue vivo… pero a menos que responda eso cambiará.

—Vaya… no bromea ¿Cierto?

—Así es, lo hemos vigilado, nadie más ha cambiado turno con usted por lo que seguramente son un grupo pequeño de inteligencia, sin duda trabajan sin apoyo.

—Vaya, al parecer sabe mucho sobre mí —respondió Vincent aún sonriente, haciendo tiempo.

—Somos muy buenos en lo que hacemos.

Por eso lo atrapamos.

—No lo dudo, pero nosotros también somos hábiles, por ejemplo: ¿Está segura de que me atraparon?

¿O yo les permití atraparme? Confiaba en que si estaba solo no mandarían muchas personas para no llamar la atención. Quería poder interrogar a una de ustedes, a solas.

—Muy buen plan pero tiene fallos: con mi comunicador tendría apoyo en treinta segundos y aún tengo el arma.

—Si, pero ustedes también cometieron un error: confiarse de que estoy solo… tenemos medio minuto M, es ahora o nunca.

La mujer trato de darse la vuelta a la vez que hablaba atropelladamente.

—¡Apoyo, necesito apoyo inmed… nnnggghh! —gruñó mientras caía inconsciente con Mulder sosteniéndola después de una descarga de taser, llevaba un uniforme de mensajero de plataformas de comercio electrónico para pasar desapercibido.

—¡Muévete V, muévete!

Entre ambos sostuvieron a la chica, cada uno puso un brazo de ella alrededor de su cuello y la llevaron a una furgoneta blanca que se iba deteniendo a la entrada del estacionamiento, un segundo después Nigel corría la puerta lateral y recibía a la chica al interior. En cinco segundos Mulder y Vincent ya estaban sentados y conduciendo, mientras atrás su compañero esposaba torpemente a la chica a una varilla de la estructura con sus manos a la espalda.

Arrancaron justo cuando un grupo de cinco guardias (tres mujeres y dos hombres) daba vuelta a la esquina del edificio, todos con sus armas desenfundadas.

—¡Acelera, vamos, vamos!

—Le gritó el exMI6 a Mulder al verlos venir.

Los guardias dieron un par de disparos desesperados pero el vehículo ya estaba demasiado alejado y no pudieron acertar ni una vez. Mulder se volvió para observar a la mujer unos segundos.

—Tal vez ahora sí podamos obtener algunas respuestas…


En otra ciudad, al atardecer, una joven mujer de pálida piel alabastrina, casi perfecta, entraba al edificio donde vivía con sus compañeras de universidad, siempre las lideraba, siempre con las mejores calificaciones, siempre tan segura de sí misma en las aulas y en los clubs, además claramente su confianza absoluta se extendía también a su apariencia: vestía una preciosa y ajustada blusa color turquesa sin mangas, de escote cuadrado, una falda negra también ajustada a la rodilla pero con una abertura hasta medio muslo que mostraba sus piernas a cada paso, todo rematado por unas vertiginosas zapatillas de grueso tacón alto también color turquesa. Sin embargo, a pesar de todo esto, ahora entró casi con miedo al edificio, subiendo lentamente las escaleras, poniendo mucha atención a cualquier sonido que escuchaba.

—Hasta ahora todo bien, quizás no haya nadie —pensó Ariadna mientras llegaba cautelosa al apartamento compartido— tal vez Cinthia salió con las chicas… ojalá, no quiero encontrarme con ella.

Desde meses atrás la vida de la joven había dado un vuelco, después de meses de convivir con la ratón de biblioteca de piel morena, de repente una madrugada la había visto dormir semidesnuda y desde entonces como decía una canción no sabía si estaba en “un dulce sueño o una hermosa pesadilla”. Se había obsesionado con su compañera, la observaba sutilmente a la menor oportunidad, la espiaba, incluso la había visto bailando de noche, sola en su alcoba, con tacones altísimos, de una manera tan sensual como jamás creyó posible, no dejaba de pensar en sus piernas a tal grado que trataba de evitar encontrarse con ella, pero las circunstancias la habían dejado en brazos de la linda morena, pasando juntas una noche salvaje de puro placer, al despertar al día siguiente Cinthia se había ido.

—Oh… si tan solo hubiera terminado ahí todo… —recordó medio arrepentida y medio excitada mientras se acariciaba lenta e involuntariamente el escote con dos dedos.

Desde ese día Cinthia se comportaba como siempre, como si nada hubiera pasado, pero eso era frente a los demás, frente a sus compañeros de clase, frente a sus compañeras de apartamento, pero en lo privado… la morena trataba a Ariadna como si fueran nada menos que amantes. Deslizaba sus dedos por la espalda de la pálida chica, le acariciaba levemente el cuello, tocaba suavemente su rodilla o muslo más cercano o incluso llegaba a apretar con firmeza uno de sus senos.

La joven mujer de cabello negro siempre jadeaba con estos toqueteos inesperados y provocativos, a veces la morena lo hacía a escondidas de los demás: bajo la mesa, cuando nadie veía… otras veces incluso detrás de la propia Ariadna mientras los demás las veían… para evitar escándalos (o eso se decía a sí misma) ella mantenía la compostura y fingía, para de inmediato apartar amable pero firmemente esas maravillosas manos de ella. Pero Cinthia redoblaba esfuerzos sin rendirse y con algunos minutos de caricias la chica de cabello negro se doblegaba y la dejaba darle placer, un placer que, muy a su pesar, Ariadna nunca había sentido con otros amantes, ella trataba de resistir, de negarse, pero siempre acababa teniendo un pequeño orgasmo a manos de la morena.

—Ooohhh…

¿Por qué sigo aceptando sus avances? ¿Por qué no puedo resistirme a sus caricias?

—Pensó confundida mientras se frotaba suavemente la sien al entrar silenciosamente al apartamento donde vivían todas.

Después la situación se complicaba más, pues a menudo la chica de cabello negro despertaba horas después de irse a dormir a su cuarto para encontrarse con que Cinthia se había introducido a escondidas no solamente en su cuarto, en su cama, en sus sábanas, sino hasta en su lencería: ya fueran sus tibias y hábiles manos, su suaves labios, sus hipnóticas piernas, su coño húmedo… y las caricias escondidas del día se convertían en largas sesiones de deseo y placer en pareja, por supuesto Ariadna al principio se resistía pero sin miradas ajenas observando, la chica cedía aún más de prisa ante los placeres irresistibles que la morena le prodigaba, siempre acabando en deliciosos orgasmos en brazos de la otra…

—Mmm… quizás sus suaves dedos en mi coño… aaahhh… —susurró mientras sus dedos en la sien pasaban a acariciar sus propios sensuales labios, a la vez que caminaba hasta su habitación— o su atrevida lengua en mis pezones duros.

¡Ooohhh… no… no soy lesbiana! ¿Qué me pasa? Pero en otras ocasiones era aun peor pues era la propia Ariadna la que sin poder contenerse, apenas vestida, caminando de puntitas en sus altos tacones, se movía silenciosa por el apartamento para meterse, totalmente ruborizada, en la cama de Cinthia y entre sus morenas piernas, causando que la estudiosa joven la recibiera con una risita provocativa y sus brazos abiertos. Para mayor confusión de la chica de cabello negro, desde la primera vez que cedió a esta inesperada tentación se había vuelto una deliciosa costumbre hacer el amor entre ellas sin quitarse sus altísimas zapatillas de tacón, en un misterioso e incomprensible fetiche que Ariadna jamás había imaginado tener…

—Bueno… quizás lo mejor sea seguir evitándola y con algo de tiempo podré decidirme a sacarla de mi vida de una vez… —pensó mientras daba un último vistazo al pasillo y entraba a su cuarto al fin… para quedarse helada ante lo que se encontró.

Cinthia yacía en la cama de Ariadna, dormía boca abajo vestida solo con una vieja y amplia camiseta que dejaba descubiertos sus hombros y sus esbeltas piernas lánguidamente extendidas sobre la colcha, llevando además sus zapatillas blancas de Scorpius.

—¿Qué está haciendo aquí?

Le dije que ya no quería verla en mi cuarto… —pensó molesta por un segundo… para de inmediato quedarse hipnotizada viendo a la jovencita dormir, sus senos levemente oprimidos contra el colchón, su cabello todo de un lado de su cabeza, dejando descubierto su bello rostro y una de sus pequeñas orejas, sus piernas esbeltas parecían interminables con esos tacones tan estilizados, tan… provocativos— mmm… ¿Esos tacones siempre fueron tan altos?

Se ve deliciosa... No… Debo sacarla de aquí… ahora mismo… Se acercó para suavemente sentarse a lado de Cinthia, luego extendió su mano para tocarla a fin de despertarla, empezando por una de sus perfectas zapatillas blancas, recorriendo con sus dedos uno de los tersos costados del calzado.

—Cinthis… despierta —dijo en un susurro ronco que parecía lo opuesto a la idea de despertarla, su mirada atrapada por las piernas entaconadas de la chica, mientras sus dedos empezaron a acariciar ahora la punta de las zapatillas que parecían brillar con reflejos nacarados— tienes que irte…

La morena reaccionó apenas, encogiendo su cuerpo levemente y dándole la espalda, sus nalgas expuestas apenas cubiertas por unas diminutas pantaletas blancas, sus altos tacones apuntando a Ariadna.

—Mmm…

No… —respondió la linda morena en una voz apenas audible.

—Cinthis, vamos… quedamos que no entrarías ya a mi cuarto de noche —le insistió aún suavemente, casi con ternura, su resolución derritiéndose paulatinamente.

Cinthia sonrió de forma coqueta y le contestó.

—Sí pero no entré de noche Ari… entré por la tarde y me quedé dormida —susurró para luego reírse de forma provocativa, después cambió de postura, se puso boca arriba y estiró sus piernas colocando sus pies entaconados en el regazo de Ariadna.

—Pero nena…

—Pero nada… ahora dame un masaje en las pantorrillas ¿Si?

Estoy adolorida… y no te preocupes por las chicas fueron al cine con compañía.

—Mmmhhh… —gruñó la chica de piel blanca pero empezó a frotar las pantorrillas de la linda morena suavemente, casi sin darse cuenta una de sus manos empezó a rozar los blancos y estilizados tacones, como acariciándolos, su otra mano acariciaba insistente las pantorrillas, los tobillos, después subió a los muslos tersos, luego el interior de los mismos.

—Si… así… aaahhh…

¡Qué delicia! Sigue… —gimió excitada la morena. La mirada de Ariadna se concentró en el cuerpo de Cinthia y empezó a relamerse mientras seguía masajeándola sensualmente, por lo que la chica se cubrió el rostro con su antebrazo y sonrió complacida.

—Ya te tengo Ari… —pensó a la vez que arañaba levemente el muslo de la joven mujer con la punta de uno de sus tacones blancos, haciéndola dar un gemidito gutural mientras seguía masajeándola ya directamente entre las piernas.

Minutos después Ariadna ya se concentraba completamente en el moreno y enrojecido sexo de su compañera… rozándolo, acariciándolo, pellizcándolo, ya incapaz de apartar la vista, como hipnotizada, de ese coño moreno y delicioso que ahora la obsesionaba, Cinthia por su parte gemía suavemente sin dejar de masajear y acariciar sensualmente sus sensibles tetas, hasta que al mirar a su querida compañera sobre ella, perdida en su cuerpo, sonrió con perverso placer al de nuevo lograr seducirla, atraparla en el poderoso deseo nacido entre las dos y que no comprendía del todo.

—¡Aaahhh… mmm… si…

Ari… mi Ari…! Finalmente, cuando supo que era el momento correcto, que la tenía cautivada, apretó con sus talones entaconados esas pálidas caderas y lánguidamente la atrajo hacia ella, mientras con sus manos guiaba la cabeza de Ariadna a su sexo, hasta poner esa sensual boca en su clítoris. La hermosa joven casi automáticamente reaccionó al dominio de Cinthia y empezó a besar, a lamer, a acariciar ese sensible punto del coño de la morena que suavemente atrapó con sus muslos la cabeza de Ariadna para que le diera más placer según su deseo, con lo que casi sin darse cuenta, paulatinamente, la joven estaba siendo esclavizada por Cinthia.

—¡Ooohhh… eso… es…

Ariiiii…!

—Murmuró la joven al arquear su espalda de placer— Ahora… tócate… para mi… quiero oírte… gozar…

Sin poder controlarse, Ariadna obedeció, su voluntad totalmente nublada por el deseo, luego de acomodarse a cuatro patas, con un fluido movimiento nacido de la práctica, su mano derecha subió su falda hasta la cintura y luego se introdujo en sus pantaletas de encaje turquesa para empezar a acariciarse en pequeños círculos su propio clítoris… todo sin dejar de darle placer a Cinthia con su boca.

—¡Mmmggghhh… mmm… nnngghh!

—Empezó a gemir con la más deliciosa mordaza bloqueando sus labios, su lengua moviéndose desesperada en los pliegues y clítoris de la morena, sintiendo como esos tacones blancos se clavaban suavemente en sus caderas o nalgas para marcarle un ritmo a gusto de su compañera.

Después de un rato y un par de orgasmos iniciales Cinthia y Ariadna cabalgaban la una contra la otra, ya desnudas excepto por sus zapatillas de tacón altísimo, sus tetas y pezones oprimiéndose entre sí, sus coños rozándose de forma enloquecedora, el contraste entre el color de sus esbeltos cuerpos las hacía lucir aún más bellas, arrodilladas en la cama y cada una con una pierna entre las de la otra, la joven de piel alabastrina arqueaba la espalda y apoyaba las manos tras ella en las sábanas, sus manos sujetándose desesperadas de la tela mientras la morena se inclinaba sobre ella, uno de sus brazos sujetando la cintura de Ariadna, la otra su cuello y su boca besando y mordiendo las pálidas tetas a su disposición a la vez que se movían más y más de prisa, haciendo gritar finalmente a la antes arrogante Ariadna, ahora convertida en una sumisa muñeca de placer para Cinthia.

—¡Aaahhh… aaaaahhhh…

Cinthiaaaaahhh…!

—Gritó la chica al desvanecerse, cayendo hacia atrás en la cama.

—Ooohhh… mmm…

Cinthia… eso me… encantó… —susurró Ariadna sonriente y jadeante, su piel brillante de sudor, con las puntas de los dedos acariciaba sus propios labios entreabiertos, su elegante cuello, sus senos con pezones rosados aún duros…

—Sabía que… te gustaría… mi linda Ari… —le aseguró la morena recostada de lado junto a ella, una de sus manos posada seductoramente en la cadera de su compañera— me hacía falta… tanta falta pasar una noche contigo…

¿No me echabas de menos cariño? Ariadna dudó un segundo, se mordió el labio inferior y respondió al fin.

—Si… de hecho ahora me doy cuenta que lo deseaba… lo anhelaba… pero como ya te dije antes no es correcto, yo no soy… no soy… lesbiana.

—¿Sigues pensado en eso Ari?

¿Qué importa? Solo importa disfrutar ¿No crees?

—No… no… yo..

¡Basta!

—Gruñó cuando Cinthia le pellizcaba suavemente un pezón.

—¿Estás bien cariño?

¿Te lastimé?

—No… no… estoy bien… de hecho lo disfruté… pero me distraes, no me dejas pensar.

—¿Y qué quieres pensar?

Solo disfruta… —le respondió a la vez que empezaba a besar y chupar el otro pezón rosa— mmm…

—Ooohhh… que delicia… no, alto… —dijo al fin Ariadna mientras lograba apartar a la morena de sus senos— lo siento pero no podemos seguir con esto… no es correcto…

—Pero lo pasamos taaan bien…

—Se acabó… debo vestirme, sal del cuarto por favor, voy a salir con unos amigos en la noche…

—No…

—¿Qué?

—Le dijo sorprendida Ariadna a Cinthia— ¿A qué te refieres?

—A todo… no se acabó, no te vestirás, no saldré de tu cuarto y no saldrás con tus “amigos”... —le aseguró Cinthia mirándola intensamente.

—No me dirás qué hacer… no me mandas… —le dijo con frialdad mientras se incorporaba de la cama, pero de inmediato la morena la obligó a recostarse empujándola con una mano en el hombro, a la vez que con la otra tomaba su celular de la mesita de noche junto a la cama y ponía, sin saber por qué, algo de música de su gusto, una melodía dulce y pegajosa, para de inmediato lanzarse sobre Ariadna, que sorprendida por ese acto se había quedado inmóvil, acomodándose entre sus piernas, su rostro moreno a la altura del pálido sexo de la otra chica, sus manos sujetando sus muslos para abrirlos más.

—Si te lo diré… te entregarás a mí… eres mía… mi juguetito, mi muñeca… mi novia…

—No… no… déjame… —gimió Ariadna ya no confundida, como en semanas previas, sino asustada de las deliciosas emociones y deseos que sentía cuando Cinthia le hablaba así, mientras trataba de cerrar sus muslos y apartarla con las manos… pero le fue imposible, al parecer el simple contacto de esas manos en sus piernas le dieron un enorme placer y la hicieron perder el control: sus pies se pusieron de punta dentro de sus zapatillas turquesa, sus muslos se abrieron en un espasmo de placer, lo que aprovechó Cinthia para agarrarse firmemente de las redondas nalgas de la otra chica y empezó a devorar el ya húmedo coño frente a ella con tal pasión que la chica sometida arqueo la espalda y lanzó sus manos sobre la cabeza para agarrarse a los barrotes de la cabecera de la cama y dar un largo gemido de placer y lujuria con el rostro vuelto al cielo— ¡Aaaaaaaaahhhh…!

La lengua y labios de la morena danzaron y danzaron sobre esos pliegues húmedos y rosados del coño de Ariadna hasta hacerla gemir y aullar… pero no hizo nada por detener a su compañera.

—¡No… no… por… favooor… basta…!

—Si… si… tú… tú…

—Cinthia se separó un momento de ese sexo evidentemente sobreexcitado para hablarle mientras sus dedos continuaban su labor en lugar de sus labios, entonces de lo más profundo de su alma surgió una única palabra que le gruño con decisión a la dominada Ariadna cambiándola para siempre…

—¡Obedecerás!

—Le ordenó con voz ronca, casi gutural y de inmediato su boca volvió a la entrepierna de la otra chica haciéndola gemir aún más.

—¡Aaahhh… ooohhh… si… siiii… lo haré… haré lo… que quieras… te obedecereeeee…!

—Gritó a todo pulmón la joven mujer de piel alabastrina mientras su cuerpo temblaba de placer y sus piernas entaconadas se extendían en una amplia V, paulatinamente transformándose en la maravillosa obra de arte sexual viva que Baal necesitaba como esclava de Cinthia.

Esa noche Ariadna no saldría de su cuarto a ningún lugar. En un abismo interdimensional de obscuridad Baal reía mientras nuevos vendavales lo rodeaban salvajemente.

—¡Pronto…!

¡Muy pronto…! —gruñó sonriente mientras observaba, por medio de una grieta de luz en la obscuridad, a las dos chicas en el plano mortal dejándose llevar por el máximo placer que sus cuerpos jóvenes y saludables les proporcionaban, con su mirada ultraterrena Baal admiraba complacido como por un segundo las zapatillas de ambas chicas parecían pulsar para volverse afiladas, puntiagudas, de un estilizado tacón altísimo y de color rojo sangre, llevaba semanas que esos pares de zapatillas cambiaban de forma para imitar el calzado diario de ambas chicas y así obligarlas a usarlas cada día, las de Cinthia eran controladas por X siguiendo un plan de gran alcance y complejidad pero las de Ariadna… no solo estaban libres de control humano, además habían sido creadas por el maligno poder de Baal con un único propósito— Seré libre…

CONTINUARÁ

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