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| Fecha de publicación: 31/07/2010 |
Tiempo lectura: 3 min. | Lecturas: 183 |
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Hola, amigos...
Así empezaba yo el día diciéndome que llevaba tiempo ya sin pasarme por TR. Otras ocupaciones, ya se sabe... Pero como en el corasón uno os lleva, me pongo a teclear y sin ánimo de realizar otra proeza literaria que la de enternecer un poco y adornar el aburrimiento y-con poco esmero ¡oh, perdón! pues que tecleo ese relato que va tras la respuesta que al primer comentario que me han soltado. Tentado he estado a borrar el bodrio; pero cuando he recordado cual era la intención con que lo he parido, me he dicho ¡ahí te quedas!. Un besazo a tod@s. Intentaré volver más a menudo |
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La calle rebosaba. Había que sortear de todo: mesas y sillas de las terrazas de los bares atestadas de veraneantes, peatones cargados con bolsas de la compra, mochileros, niños que lamían helados de chocolate y vainilla o caramelos de palo, camareros acróbatas paseando bandejas plagadas de vasos, aceitunas y chips, guapas y feas, barrigas cerveceras, pieles quemadas todas por el sol de aquel julio tórrido que sentía devastador.
El bullicio no menguaba la soledad que le roía las entrañas desde que la ruina tomó los reales de su existencia.
Vagaba desde hacía días por las calles de G y, por las noches, dormía en algún callejón. Lo bueno del verano era que se podía dormir en cualquier parte, bastaban unos cartones y la bolsa, a modo de almohada, bajo la cabeza. Sólo había que preocuparse en hallar algún lugar alejado del bullicio; por lo común, servía cualquier callejón del extrarradio, en una zona industrial por ejemplo.
La cazoleta de hierro que usaba para mendigar colgaba de su cinturón y campaneaba al ritmo de sus pasos, que la hacían chocar insistentemente contra la pestaña metálica de la cremallera de su guerrera verde desabrochada.
Se sentó sobre su bolsa ocupando un breve espacio en la acera, entre la puerta de dos concurridos comercios, y tendió la cazoleta a los viandantes. Se le olvidó sacar la cartulina con el mensaje de pena escrito a rotulador rojo “no tengo trabajo y tengo hambre”. Cuando recordó que la tenía en un bolsillo de la bolsa, sintió pereza de levantarse y decidió que esta vez no la iba a usar.
Tampoco levantaba la cabeza, veía pasar las piernas de la gente, taconeando unas, arrastrando los zapatos, otras, desfilando delante de él. La primera moneda cayó a los pocos minutos, la segunda se demoró más. Calculó, como experto mendigo, que precisaría un par de horas en reunir lo suficiente para vino y algo de comida. Si había suerte, sobrarían unas monedas para sentarse en algún bar a tomarse unos chatos. Cuando bebía en los bares se sentía uno más entre la multitud. Más humano, más normal. Beber solo era otra cosa, algo íntimo como masturbarse o ir al baño. Algo que le alejaba aún más de la gente.
Beber solo, sí, pensó, solo, solo. Y la soledad se removió, una vez más, allí: en algún remoto lugar de sus entrañas. Se rascó con las uñas un escozor en la mejilla, donde algún pelo se empecinaba en su piel. Su barba era de pelos gruesos, rizados, negros todavía. Recordaba haber nacido el 19 de marzo de 1969. Resultaba así que tenía cuarenta y un años. Más o menos. Diecinueve de marzo, San José patrón de los trabajadores; no había tenido mucha suerte él con el trabajo. Al principio, después de que cerrase el taller donde trabajó los últimos quince años, intentó buscar trabajo en otros talleres. Luego intentó que le dieran cualquier trabajo; al fin, dejó de buscar. Algo debían ver en él que impedía que lo contratasen. Algo que también debió ver su mujer, quien lo abandonó poco después, llevándose a su única hija. No las volvió a ver. Y cuando le desahuciaron, partió a recorrer las aceras con su soledad a cuestas y una botella siempre que podía.
Algo cayó en su cazoleta con un sonido nuevo. Miró dentro, era una pluma dorada; era de oro y refulgía iluminando las paredes grises de su cazoleta. Las piernas que tenía ahora enfrente eran blancas, muy blancas y una falda dorada les llegaba justo encima de las rodillas.
- Ven, Jaime.
Cuánto tiempo que nadie le llamaba por su nombre, pensó. Su nombre perdido. Desde que se quedó sin nada, creía que su nombre se había ido con su trabajo, con su mujer y su hija. Y, ahora, el dueño de una pluma de oro rescataba su nombre y le llamaba.
A pesar de todo no levantó la mirada; aferró la mano que no sostenía la cazoleta de mendigar a la cinta de su bolsa, y quiso hacer como que no había escuchado nada, ni reconocido su nombre.
- Ven, Jaime.
Y una gran mano blanca descendió y tomó la suya con cazoleta metálica incluida.
Poco después, volaba Jaime en brazos de un gran ángel blanco de doradas alas, con su cazoleta de pedir, su soledad y el escozor todavía en la mejilla, preguntándose si le dejarían mendigar en el cielo.
Nada más quería. Y sabía que jamás amó otra cosa que a su soledad.
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Valoraciones recibidas por el relato |
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| 1 |
Por: stavros el 01/08/2010 22:23:53 |
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Siempre es bueno que algún compañero virtual o no virtual se tome la molestia de ahondar en los relatos que se publican o se editan en papel. Es un trabajo, pòr lo general, si no te dedicas a la crítica y a vivir de ella, sin recompensa y por ello hay que agradecerlo. A mí, personalmente, me parece bien, siempre que la franqueza sea respetuosa. Entre otras cosas, lo valoro, porque yo jamás podría entretenerme en leerlo todo. Dicho esto, dejemos a la RAE con sus reglas y sus rechazos a modismos que muchos amamos, deseamos conservar, y laurearlos con nuestras personalísimas hybris. ¿No te parece, gran Zenon? El relato, siempre en tu exquisita línea, es triste, hasta conmovedor, pero la soledad tiene el privilegio de que puede ser elegida. Y si te la imponen, siempre hay que luchar contra ella. Las soluciones a lo Frank Capra, ya lo sabes tú, pura fantasía. De todas formas, también podemos escoger nuestras fantasías. Y la tuya es tan respetable como la de cualquier hijo de vecino. Mil abrazotes veraniegos. Tus amigos st. y V. |
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| 2 |
Por: Miranda el 01/08/2010 19:56:02 |
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¡Me ha alegrado mucho ver tu nombre de nuevo por aquí ! Bueno, bueno, menuda os traéis con la RAE.En fin, cada uno hace su crítica como le parece y cada cual se la toma como quiere.Premiaré con cinco estrellas tu vuelta a TR y la intención de tu relato, que la caña ya te la han dado.;) |
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| 3 |
Por: augur el 01/08/2010 14:26:11 |
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Debemos de vivir la vida que deseamos. Hay quien frefiere lo tradicional y enjuicia a los demás, no es justo. Me he alegrado ver que de nuevo escribes. Hace falta que la gente se an9ime. Un fuerte abrazo. |
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| 4 |
Por: VV.AA. el 31/07/2010 13:48:29 |
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Si me lo permites, creo que es un poco lacrimógeno, sentimental y que no está demasiado bien escrito. Por ejemplo, la frase “…tomó los reales de su existencia” suena muy retórica y hasta algo redicha, nadie habla ni escribe así ya. “Delante suyo” es incorrecto según el DPD de la RAE que es normativo. En la siguiente me parece que fallan las preposiciones que pide el verbo: “…precisaría un par de horas ‘para’ reunir…” o “’tardaría’ un par de horas en reunir…”. Esta otra podría ser correcta: “…pelo se ‘empecinaba’ en su piel” pero la utilización es por lo menos dudosa, parece requerir un complemento. En cuanto al fondo, mi forma de verlo es que la soledad que se ama es la que se elige, nunca la que te imponen los demás. Esa supuesta misantropía, que sólo se conoce por el título, chocaría con lo que se describe en el séptimo párrafo. O hay una contradicción o la idea no está bien expresada. |
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