Te he visto pasar y, como el humo que desprende el cigarrillo que me fumo, has desaparecido en un suspiro. Una vez más. Y algo en mi interior se ha encendido y apagado en un breve intervalo de tiempo acompasado. Arriba y abajo, y es que cuando el rumor de tu presencia se desvanece, con él yo me diluyo y caigo, caigo y caigo hasta comprender, de nuevo, que jamás lo que siento podrá ser correspondido.